La Musa Dark
La Musa Dark
En su cuarto quedo como testigo
mudo un poster de Alice Cooper.
Don Carlos mejor conocido en terreno
Apache como El Vampiro, porque entre otras cosas ha estado presente en el
paisaje panteonero durante tres generaciones y micha de sepultureros, hace su
jale de 9 a 6 en el crematorio del cementerio municipal. Ser de poco trato
incluso medio misticón y se dice que tiene pacto con la parca, no obstante,
jamás ha permitido que nadie haga chistes, tire carro o se burle de su persona.
A mí me dijo un día y fue muy claro –“no sé porque platico contigo, será porque
eres hijo de Pedro Simón o hay algo entre nuestras malditas almas oscuras que
nos unen”.
-A la mera don Charlie pero a mí me
late venir a pistear al panteón y charlar con su merced.
Todo lo que me cotorreaba, me
parecía en extremo pacheco, ¡si en verdad hay locotropos que se visten
humanamente para andar en este mundo, él sería sin duda uno de esos entes o
personajes destrampados! Conmigo no había evasivas pero siempre me sentenciaba
cuando llegaba a su oficina del crematorio.
-¿Alguien te vio entrar?
-Si don Carlos.
-Siempre cerciórate que te vean
entrar, porque en una de esas no te verán salir.
-Ja ja ja ja ja era como la
bienvenida.
En su oficina, que igual aprovechaba
como pequeño departamento, tenía objetos raros, como un bote de piezas dentales
de oro, otras piezas en titanio y urnas funerarias de diversos materiales:
talladas, grabadas, esculpidas; verdaderas obras de arte. Placas con epitafios
y retablos, pero lo más sacado de onda era un sarcófago egipcio que le regalo
un chino. A la vez todo era como parte de la decoración de su espacio.
Había semanas incluso meses que no
iba a visitarlo y emborracharme con el ruco, pero cuando me recibía, siempre lo
hacía con su excelente sentencia de “Alguien te vio entrar”, luego iniciábamos la
chorcha brindando.
-Supe que estuvo preso… comente
para romper el hielo, pero me interrumpió.
-Siéntate cabrón. Inquirió
acercando un banco.
-Esto que te voy a contar es para
que lo escribas en la historia que éstas haciendo sobre mí.
-Ah cabrón ¿Quién le vino con el chisme?
-“Alguien, en la Penal, pero eso no
tienen importancia, sírvete otro trago, lo vas a necesitar. Hace dos meses
conocí a Janis, hubo un sepelio, ella estaba ahí frente al cuerpo inmóvil de su
tía, mientras rezaban para despedirla de este mundo de máscaras. Yo no la había
notado, me pareció una escuincla pero su mirada me traspaso la carne y me toco
el alma, era una ninfa de 15 abriles enfundada en satín negro, mi corazón se
incendió, me sudaban las manos, por muchos años no había vuelto a sentir mi
cuerpo sacudirse como animal Gato, todo mi pinche ser vibró al advertir su
mirada. Me dí la vuelta y camine hacia mi oficina sabiendo que la ninfa
seguiría mis pasos. Entramos y cerré la puerta, sin emitir palabras nuestros
cuerpos se apoderaron de nuestras mentes o al vesre, no había pensamiento solo
una vibración que exudaba mi piel y ahora sé lo que es fundirse en el otro, en
esa mitad que andamos buscando por todos los mundos posibles, que dios ni que
la chingada Gato, la gloría existe y anda vestida de negro. Estuvo conmigo tres
días, secuestrada, hasta que vinieron por ella. Eran sus padres devastados e
iracundos, venían con ellos varios gendarmes con una orden de aprehensión. Me
remitieron a la Procuraduría, ahí estuve dos días y luego me llevaron al gran
cantón. Los abogados del gobierno se hicieron cargo, dicen que hubo un
desistimiento por parte de los padres y que ella había testificado a mi favor,
de modo que tuvieron que soltarme. En las calientes, el dolor no me preocupaba,
en verdad mi corazón solo podía sentir pena por esta alejado de Janis. Me
gritaban, me torturaban y me hicieron firmar una declaración falsa pero a quien
le importaba. Si alguna vez rogué fue por volver a tener entre mis manos el
aroma de la flor de Janis.
Regrese al trabajo y en la puerta
del Panteón estaba ella, vestida de negro, esperándome con todo su ajuar en un
beliz y hasta con su acta de nacimiento. “Quiero vivir, quiero morir contigo”
Grito para que todo el mundo la escuchara. No hubo más palabras, entre a la oficina
y empaque, tomé las llaves del auto y nos fuimos a Chapala a construir nuestro
idilio. Poco salíamos del hotel, si acaso a comer o hacer algunas compras, no
pasó ni una semana y los padres de Janis nos encontraron, hubo mucho dolor
porque nos arrancaron a uno del otro, nos desollaron alma. Se la llevaron y yo
casi muero. Volví al trabajo y el sino la volvió a traer hasta a mí, pero esta
vez marchita, sin alma.
Sus padres también estaban muertos,
pero ellos en vida. Me pidieron que cremara su cuerpo y la dejaron en mis manos
como un despojo. No lo hice Gato, su carne se pudre ante mi día con día, a ellos
les entregue cenizas de otro cadáver y yo deliro con suyo”.
Camino hacia el sarcófago egipcio y
lo abrió, el aroma de lo que se pudre me embriago con una sutil fragancia.
Ante mis ojos beodos Janis renació.

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