POR ENÉSIMA VEZ
Después de deambular medio día por toda la
Condesa buscando un cliente que ordeñar, el espectro de Isis, la puta más
tierna, se detuvo en un teléfono público en la Alameda. El último veinte, ayer
era la reina del tugurio: raspando la suela, bebiendo mezcal. Recargo su
desvencijado cuerpo sobre la codera de la cabina, todo era un presagio, tomó
entre sus dedos la moneda de metal y la depositó en la ranura del aparato
mientras imploraba mascullando una oración: “Ojala me conteste, ojala me
conteste él”. Timbró su corazón acelerado. Recordó lo que el brujo y tarotista
de la mezcalería le había mostrado en la tele del Tarot. Una voz de mujer al
otro lado de la línea la sacó de su atolondrada mismidad preguntándole:
-¿Quién es, quién habla, conteste?
Isis se llevó el auricular al pecho, temblando
la maldita cruda sintió los gritos retumbar sobre sus flácidas carnes y
estallar en su tatema los insultos desaforados de la doña de su cliente:
-“…Hija de tu, chingas a tu re puta madre!
–Segura que es esa pinche puta ramera
arrastrada que busca a tu padre, cuando nos dejará en paz ! Le gritaba a su
engendro.
Un Joven veinteañero se detuvo frente a ella,
la miro detalladamente, como cerciorándose de que lo que veía era neta. Apenas
dos horas en la Ciudad de
México y ahí estaba la mujer que lo hizo pasar
una tarde inolvidable de sexo,
sexo y más sexo.
-¿Isis, eres Isis?, le preguntó, deseoso de
que la respuesta fuera afirmativa.
Isis lo miró como queriendo reconocerlo, le
dio una escaneada, luego se acercó, lo olfateó caninamente, cerró sus ojitos y
contestó:
-Sí,
soy Isis, ¿Tú quién eres?
-¿No te acuerdas de mí, soy Jesús, vamos a una
cantina te invito una cerveza, un tequila, lo que quieras?
A la Dama le vidriaron las canicas, el corazón
se le inflamó de gusto, buchaca y canoa se le hicieron agua fresca de
manantial. Rolaron rumbo a Bucarellí, se metieron a una fonda, luego a un bar,
después a una cantina, pidieron de comer y bebieron chelas, luego siguieron los
rones y ya encaminados y encandilados cayeron rodando a una mezcalería, estaban
hasta el tope, en el clímax del pedo. Jesús, insistente le volvió a preguntar:
-¿No te acuerdas de mí?, yo iba en el Metro,
te vi por la estación de Balderas, allí en corto entre apretujones, nuestras
miradas flashearon, se cruzaron, nos dijimos everytinks con los ojos, nos
bajamos en Allende, te dije que traía varo, que andaba festejando mis 18 abriles
y quería que fueras mí madrina, mi hada madrina. Nos metimos al cinco letras,
tú estabas hermosa y cachonda; tu pantufla olía a versos, a dona recién
hechecita, a rocío nocturnal. Yo, yo, yo era la primera vez; bebimos y cogimos
toda la tarde, toda noche, prometí no enamorarme de ti porque yo amaba a mi
novia, no te acuerdas, no te acuerdas de mí, fue hace dos años, dos años Isis,
dos años que te pienso y que te sueño. Me regresé a Guanatos y no he podido
olvidarte, creí que no volvería a verte jamás y mírame, aquí estoy otra vez.
-¿De veras Isis, no te acuerdas de mí?
Isis ya no pudo contestarle, cayó ebria sobre
la mesa.
En ese momento llegaron los meseros saca
borrachos con la cuenta en mano y le pidieron a Jesús con la cortesía diplomática
de la ética cantinera que recogiera a su abuelita y se marcharan. No hubo
manera de defenderse, los argumentos se habían desecho junto con los hielitos,
de modo que pago y como pudo, apoyado por los pajes de Baco, salió de la mezcalería
abrazado de Isis. Ya en la calle de López y el plenilunio de testigo Jesús reparó
en que Isis, si estaba ruca, en la flor
de la senectud, plena como su gemela. Sin
pensarlo la acarreó hasta una cabina
telefónica y la recargó ahí. Con mucha cautela
y discreción se fue yendo despacito murmurando:
-Por enésima vez Isis ¿de veras, no te
acuerdas de mí?

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