LA PIEDRA

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Nombre: Sergio Fong (editor cartonero)
Ubicación: Guanatos, Nayarit, Mexico

compra y venta de libros de artes y literatura, radio por internet, editoriales cartoneras,ediciones de autor, talleres cartoneros y cursos de cuento

martes, marzo 31, 2020

TARDE DE SOLE



Dicen que el Roger brinca ebribody todo el tiempo de rosal en rosal, que arranca con todo y tallo los botones rojos, que las espinas se le encajan en las palmas de las manos y le rasgan la piel;  que le arde ojete y sangra, luego chupa las pequeñas heridas y el dolor merma una leve por sus ojos.
Dicen, que con un ramo de rosas rojas en la izquierda y en la diestra  una boya de espíritu mezcalero se menea como pez en la marea gris de la city, que trae en su coraza la ilusión de cotorrear con su jaina: “su nena punk” como él le dice.
Cuando la conoció, la morra se prendía machín en las tocadas de rock, se destrampaba en la danza, era de las pocas rucas que se aventaban el ritual en el “Casino Popu” con toda la banda creisy. Todos los domingos tocara quien tocara. El Saico fue quien se la presentó, le dijo acá en corto de carnales: “Vas a conocer una nenita bien linda pinche Roger”. Pero se quedó corto: aparte de chula estaba rebuenota y era bien chida. ¡Discutida!, eso debió haberle dicho. Y hasta ahí llegaron como compas porque el Roger mas trucha que el Saiquito se la langareó y  en calor le puso un faje alucinógeno que prendió machín a la ninfa rocanrolera y entonces empezaron a andar (así se dice, andar en las llecas de golfos, tirando chapopote, consiguiendo algún jalón, un baisa, cualquier cualquier, de barrio en barrio, para aliviane el espíritu y liberar la loquera del corral: “chivas no nos vamos a morir”, decían) y el Saico se tuvo que abrir con su toncho a otro terruño y a seguirle jalando el pescuezo al ganso. El Roger nel, él ya tiene su bistec y siempre anda trovo y con varo, sabe hacerla, tirar verbo, talonear para el vicio. Le gustaba alborotar el gallinero, después le llegaba con su morra y se iban a conseguir unas ruedas pa´viajar de ranas, algún Johny Winter, un alcoholibarius, de mínimo unas celias. Siempre bien armadillos. Los domingos era el día más alto, día de comulgar con la raza, netamente sagrados. Se levantaban muy tempra, entre crudos, pachecos y jarias, el borlo iniciaba en el Baratillo, el tianguis legendario de las chácharas, pulgas amaestradas, libros viejos sin leer, ropa de la segunda guerra, tercera y reversa, animales vivos en peligro de extensión, aso como presecados y en conserva, yerbas buenas y malas que sanan y matan, relojes, joyas de con Rober, piezas sueltas de autos, motos y rilas extraviadas en la madrugada, tortas ahogadas, birria, tacos de hígado, buche, chorizo en papas, aguas frescas de la llave, pulque, tejuino, tepache y nieve de garrafa entre gritos de los marchantes que no marchan y un coctel de aromas y música ambiental en cada cuadra: cumbias, sones, boleros, salsa, guaracha, rock, punchis punchis hasta Chente  y sus potrillos. La pura variedad ¡la pura sabrosura! De modo que el jolgorio estaba puesto y dispuesto para conseguir algodón de barbas o fiado, truequeado, recuperado, bisneado incluso hasta comprado para calmar la sed y esas ansias de bebérsela toda de un solo trago: escarchada, fría, raspándole el gaznate en cascada para degustar el suave y dulce cuerpo amargo, pero delicioso, sentado con los compas y su leidy en alguna banqueta de la street  38 esquina con la que hacha, con un racimo de botes, unos taquitos de chicharrón con guacamole y un chilito verde de amor. Tirando cábula, echando carro con la bandera para luego ir a retozar y echarse un shawer, ponerse la garra más placa, más facha, de frente y perfil y estar casi listo para pasar por la morra a su cantón. Ella bien chula con su cola de pato pintada de zorra y el fleco; copete en flor,  con su  tenientes vans y la garra bien ajustada, en sus lindos caicos un buty de rímel y delineador negros, sus labios negros, su alma llena de estoperoles y su corazón chanfainino rocanrolero.
La tarde surcaba la ciudad, la partía a raja tabla con su último filo de luz, el Roger ya estaba en la tienda de la esquina cheleando, tirando varrio esperando a su nena punk.
Ella viene ardiendo con la resolana como desencajada del paisaje urbanesco, de una sola pieza en alto relieve, en sus chorejas perforadas cuelgan un par de plumas de águila reina y en los audífonos escucha la rola Breaking The Law. Su aroma a pachuli perfuma el arrabal.
Antes de llegarle a la tocada encienden el flavio con la brasa del ocaso. La ciudad está bien pacheca, dormita como un lagarto, los corazones suenan al ritmo de Breaking The Law y Judas Priest.
Cuando caen al Popular ya está un bandón en el desequilibrio total, las bandas se discuten con sus mejores rolas y covers de dos tres grupos chingones, la flota destrampada armó la rueda y sacaron a flote todos los espíritus ancestrales (del bien y del mal). En la danza hubo roces y conatos de bronca; la pandilla de los zopilotes se enfrenta con los lagartos o al vesré, eso era de todos los domingos pero nunca pasaba de ahí, aunque, también es cierto, que no falta un gorgojo en los bincholes y no faltó el alucinado que prendió unos trapos con toncho y los arrojo a la banda que estaba en el túnel de salida, todos empezaron a correr, los ánimos se exaltaron, había apretujones y todos querían salir, era una turba a contra presión empujando. El Roger y su nena punk no se soltaban estaban enlazados de sus baisas, luego salieron a flote del hoyo pero en la lleca había banda dándose de chingadazos. La tira apañando a diestra y siniestra, era una redada. El Roger y su jaina sin soltarse empezaron a correr. A los que apañaban los subían a trocas y carros de la policía, a algunos los apaciguaron con dos tres macanazos y los metían a las trullas. El tráfico era un caos, los autos cantaban al compás de las sirenas junto con los gritos y los ayes de dolor, rifaba la anarquía.  Un cuico chancho se fue tras ellos y por quererla librar no se fijaron al cruzar la calle y  a la nena punk  la alcanzó un camión, se la llevó gacho, el Roger no la soltó de la mano y la morra lo jaló uno o dos  metros. Eso dijeron los que vieron.
El Roger estaba ido y alucinaba que miró el espíritu de su nena punk desprenderse del cuerpo y despedirse. No había manera de destrabarlos, las manos estaban atadas, hasta que lograron convencerlo de que tenía que soltarla para que se la llevara la ambulancia.
Los paramédicos exclamaron que la muerte fue instantánea. 
El Roger se tripeo, quedó juido, loco, zafado.
Dicen que su alma también se  desprendió de su cuerpo y se fue tras la de ella.
Que está vacío.
Dicen tantas cosas.

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