TARDE DE SOLE
Dicen que el Roger brinca ebribody
todo el tiempo de rosal en rosal, que arranca con todo y tallo los botones
rojos, que las espinas se le encajan en las palmas de las manos y le rasgan la
piel; que le arde ojete y sangra, luego
chupa las pequeñas heridas y el dolor merma una leve por sus ojos.
Dicen, que con un ramo de
rosas rojas en la izquierda y en la diestra una boya de espíritu mezcalero se menea como
pez en la marea gris de la city, que trae en su coraza la ilusión de cotorrear
con su jaina: “su nena punk” como él le dice.
Cuando la conoció, la morra se
prendía machín en las tocadas de rock, se destrampaba en la danza, era de las
pocas rucas que se aventaban el ritual en el “Casino Popu” con toda la banda creisy.
Todos los domingos tocara quien tocara. El Saico fue quien se la presentó, le
dijo acá en corto de carnales: “Vas a conocer una nenita bien linda pinche
Roger”. Pero se quedó corto: aparte de chula estaba rebuenota y era bien chida.
¡Discutida!, eso debió haberle dicho. Y hasta ahí llegaron como compas porque
el Roger mas trucha que el Saiquito se la langareó y en calor le puso un faje alucinógeno que
prendió machín a la ninfa rocanrolera y entonces empezaron a andar (así se
dice, andar en las llecas de golfos, tirando chapopote, consiguiendo algún
jalón, un baisa, cualquier cualquier, de barrio en barrio, para aliviane el
espíritu y liberar la loquera del corral: “chivas no nos vamos a morir”,
decían) y el Saico se tuvo que abrir con su toncho a otro terruño y a seguirle
jalando el pescuezo al ganso. El Roger nel, él ya tiene su bistec y siempre anda
trovo y con varo, sabe hacerla, tirar verbo, talonear para el vicio. Le gustaba alborotar el gallinero,
después le llegaba con su morra y se iban a conseguir unas ruedas pa´viajar de
ranas, algún Johny Winter, un alcoholibarius, de mínimo unas celias. Siempre
bien armadillos. Los domingos era el día más alto, día de comulgar con la raza,
netamente sagrados. Se levantaban muy tempra, entre crudos, pachecos y jarias, el
borlo iniciaba en el Baratillo, el tianguis legendario de las chácharas, pulgas
amaestradas, libros viejos sin leer, ropa de la segunda guerra, tercera y
reversa, animales vivos en peligro de extensión, aso como presecados y en
conserva, yerbas buenas y malas que sanan y matan, relojes, joyas de con Rober,
piezas sueltas de autos, motos y rilas extraviadas en la madrugada, tortas
ahogadas, birria, tacos de hígado, buche, chorizo en papas, aguas frescas de la
llave, pulque, tejuino, tepache y nieve de garrafa entre gritos de los
marchantes que no marchan y un coctel de aromas y música ambiental en cada cuadra:
cumbias, sones, boleros, salsa, guaracha, rock, punchis punchis hasta
Chente y sus potrillos. La pura variedad
¡la pura sabrosura! De modo que el jolgorio estaba puesto y dispuesto para
conseguir algodón de barbas o fiado, truequeado, recuperado, bisneado incluso
hasta comprado para calmar la sed y esas ansias de bebérsela toda de un solo
trago: escarchada, fría, raspándole el gaznate en cascada para degustar el
suave y dulce cuerpo amargo, pero delicioso, sentado con los compas y su leidy
en alguna banqueta de la street 38
esquina con la que hacha, con un racimo de botes, unos taquitos de chicharrón
con guacamole y un chilito verde de amor. Tirando cábula, echando carro con la
bandera para luego ir a retozar y echarse un shawer, ponerse la garra más
placa, más facha, de frente y perfil y estar casi listo para pasar por la morra
a su cantón. Ella bien chula con su cola de pato pintada de zorra y el fleco;
copete en flor, con su tenientes vans y la garra bien ajustada, en
sus lindos caicos un buty de rímel y delineador negros, sus labios
negros, su alma llena de estoperoles y
su corazón chanfainino rocanrolero.
La tarde surcaba la ciudad, la
partía a raja tabla con su último filo de luz, el Roger ya estaba en la tienda
de la esquina cheleando, tirando varrio esperando a su nena punk.
Ella viene ardiendo con la
resolana como desencajada del paisaje urbanesco, de una sola pieza en alto
relieve, en sus chorejas perforadas cuelgan un par de plumas de águila reina y
en los audífonos escucha la rola Breaking The Law. Su aroma a pachuli perfuma
el arrabal.
Antes de llegarle a la tocada
encienden el flavio con la brasa del ocaso. La ciudad está bien pacheca,
dormita como un lagarto, los corazones suenan al ritmo de Breaking The Law y
Judas Priest.
Cuando caen al Popular ya está
un bandón en el desequilibrio total, las bandas se discuten con sus mejores
rolas y covers de dos tres grupos chingones, la flota destrampada armó la rueda
y sacaron a flote todos los espíritus ancestrales (del bien y del mal). En la
danza hubo roces y conatos de bronca; la pandilla de los zopilotes se enfrenta
con los lagartos o al vesré, eso era de todos los domingos pero nunca pasaba de
ahí, aunque, también es cierto, que no falta un gorgojo en los bincholes y no
faltó el alucinado que prendió unos trapos con toncho y los arrojo a la banda
que estaba en el túnel de salida, todos empezaron a correr, los ánimos se
exaltaron, había apretujones y todos querían salir, era una turba a contra
presión empujando. El Roger y su nena punk no se soltaban estaban enlazados de
sus baisas, luego salieron a flote del hoyo pero en la lleca había banda dándose de chingadazos.
La tira apañando a diestra y siniestra, era una redada. El Roger y su jaina sin
soltarse empezaron a correr. A los que apañaban los subían a trocas y carros de
la policía, a algunos los apaciguaron con dos tres macanazos y los metían a las
trullas. El tráfico era un caos, los autos cantaban al compás de las sirenas
junto con los gritos y los ayes de dolor, rifaba la anarquía. Un cuico chancho se fue tras ellos y por
quererla librar no se fijaron al cruzar la calle y a la nena punk la alcanzó un camión, se la llevó gacho, el
Roger no la soltó de la mano y la morra lo jaló uno o dos metros. Eso dijeron los que vieron.
El Roger estaba ido y
alucinaba que miró el espíritu de su nena punk desprenderse del cuerpo y
despedirse. No había manera de destrabarlos, las manos estaban atadas, hasta
que lograron convencerlo de que tenía que soltarla para que se la llevara la
ambulancia.
Los paramédicos exclamaron que
la muerte fue instantánea.
El Roger se tripeo, quedó juido,
loco, zafado.
Dicen que su alma también
se desprendió de su cuerpo y se fue tras
la de ella.
Que está vacío.
Dicen tantas cosas.

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