LA PIEDRA

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Nombre: Sergio Fong (editor cartonero)
Ubicación: Guanatos, Nayarit, Mexico

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miércoles, abril 01, 2020

EL GUAYABO DE DON RUTILIO



 Por debajo de la puerta dejaron un recado, un anónimo con letras recortadas del periódico y muy mala ortografía: “LO SE TODO IJO DE TU PUTaMaDRE, NO aBRa CoNPasION”. Era casi idéntico a los mensajes que le llegaban dos o tres veces por mes a don Rutilio pero esta ocasión, la mala ortografía, el hecho que no estuviera firmado por su señora y que se hayan tomado la molestia de mancharlo con sangre lo hacía diferente y misterioso. Lo que más lo confundía, incluso lo asustara, era una raya roja de sangre por debajo de las letras: “NO aBRa CONPasION”. De modo que a don Rutilio se le hizo puño el asterisco.
Lo primero que se le vino a la mente fue llamarle a Lola, la mujerzuela con la que le ponía el cuerno a doña Baudelia. Estaba hasta temblando de nervios, el teléfono timbró dos tres cuatro veces y nada. “Contesta por favor Lola”, reclamaba la voz interna del Don, pero  el teléfono seguía sonando.
– ¡Chingada madre!, ahora que hago, pinche Baudelia, ¿A que estará jugando, cada día está más loca, o ahora si será de verdad su amenaza?
Lola salió del baño y miró en la pantalla de su celular que tenía una llamada perdida. Carlitros, su amante, que estaba en la cama relajado viendo una película en la telera le mencionó:
 -Estaba timbrando tu teléfono amor, ha de ser el pinche viejo arrastrado, seguramente ya leyó el letrerito que le mande.
-¿Cuál letrerito?, no vayas a salir con una chingadera Carlos.
– Ja ja ja ja solamente, me estoy divirtiendo, un sustito al hijo de su pinche madre que se está cogiendo a mi vieja.
– Ja ja ja ja, idiota pero bien que te tragas todo lo que me da, ¿verdad? y ¿Qué tal la ropita?
-Déjame le saco un pedo, a la mera hasta suelta un billete.
-Déjate de pendejadas cabrón, le señalo Lola mientras se zafaba la toalla que traía enrollada en el cuerpo para dejar las tetas al aire, luego se agachó para secar sus pies poniéndole a Carlitos la flor enervante en los bigotes.
 – ¡Umm que rica y deliciosa te huele tu florecita amor!, le susurro al oído mientras la tomaba de la cintura para jalarla hasta la cama, cayeron en clavado creando una pirueta de 3.5 grados de dificultad, se besaron en el in pass volátil rosando sus sexos ardientes y deseosos, rodaron entre las sábanas hediondas y el colchón viejo hasta que Charly sintió  por enésima ocasión el filo del alambre de uno de los resortes calándole la nalga izquierda, pero en esta maldita ocasión si grito de dolor. Lola se sacó de onda y se levantó de un sólo tirón.
-¿Qué te pasó?
 -¿Qué me pasó?, pinche colchón ora si se vengó, se me enterró en el cachete izquierdo, dijo mientras se colocaba un pedazo de la sábana para detener la sangre.
El teléfono de Lola volvió a sonar. Le hizo la seña a Carlos de  que chitón para que se mantuviera cayado, no se fijó en la pantalla para ver quién llamaba, cuando contestó: –Bueno,  ¿Amorcito?, se llevó una sorpresa.
 -¿Amorcito? Hija de tu pinche madre, soy Baudelia, la esposa de Rutilio, ya sé que le estas sacando dinero a mi marido, vividora hija de la chingada, si te vuelves a meter con él te voy a matar.
Carlitos le decía en voz baja a Lola que le pidiera para un colchón nuevo, pero Lola estaba sacadísima de onda, no sabía que contestarle a la ruca, siempre la bateaba, sabia del juego y de alguna forma era considerada pero ahora la agarro fuera de lugar, y se quedó muda, volteaba a ver a Carlitos que con señas le decía que le pidiera varo y le señalaba el colchón y luego volteaba a verse la nalga rajada. Cuando Lola volvió en sí, Baudelia ya le había colgado. Y como para ella sola dijo: “Pinche vieja culera, ya me tiene hasta la madre” Luego miró a Carlitros y le comentó media desencajada, que era la vieja de Rutilio, me llamó para amenazarme otra vez, está bien locuaz, pero ya me harte de seguirle su desmadre.
-¡Pasumauser! ¿’ora que vamos hacer?, adiós al colchón, gruño Charlie.
-Me las va a pagar, pinche vieja loca, vas a ver.
Le marco a Rutilio.
-Bueno Lola, contestó el viejo, te llame porque algo anda mal, muy mal.
-Ruti necesitamos vernos, es urgente. 
–Si pero no vengas a mi despacho, algo está mal, hoy me llego un anónimo, pero estoy casi seguro de que no es de Baudelia, te veo en el Café La Rueda.
–Sí, en media hora, estaré allí.
Carlitos, se puso en la puerta del cuartucho para negarle el pasó a Lola y le dijo:
-Ya vas a ir a ver al ruco, ¡deja eso ya!, si la vieja está loca te puede chingar, una
vieja resentida es capaz de todo, lo mejor es que no vayas y ya mandes a ese pinche viejo decrepito a la verdolaga.
–Tú no tienes por qué meterte en mi vida, todo lo que hay aquí es mío, yo me lo he ganado con el sudor de mis nalgas, tu nomás eres mi querido, a la hora que yo quiera te mando a la chingada, así que mientras vivas aquí, la que manda soy yo padrotito, si no te late, ¡Pues como va! ¡A la chingada!
 A Carlitos le salió lo cabrón y por esta vez no quiso tragarse su orgullo, se hizo a un lado para que pasara la  morra que salió como chispa a encender el averno.
Rutilio tomó su bastón, se puso su sombrero de ala del 5 y tomó las llaves del auto. Salió de su casa rumbo al Varrio Xino.
Carlitos estaba enfurecido, echando sus pocas garras en una mochila de campamento, mientras arrojaba todo su encabronamiento y resentimiento contra su morra y el viejo. “Pinche par de ojetes ojala y se pudran en el puto infierno”. Ya que tenía su bulto preparado y estaba listo para salir, sacó una hoja 007 y empezó a madrear el colchón maldiciendo a diestra y siniestra, una vez que se hartó de perforar y rasgar el lecho de amor le vació una botella de thiner,  antes de salir del cuchitril le arrojó un cerillo para que ardiera todo el cuartucho de vecindad, aún      no llegaba a la puerta de la calle y las doñas que estaban en los lavaderos empezaron a gritar: “¡Fuego, fuego!, fuego” Carlitos alcanzó a echar un último vistazo mientras les rayaba su madre levantando el brazo y su corazón de caifán se le rasgaba por los ojitos.
En el café La Rueda don Rutilio le pedía a Lola que ya se olvidaran del amor. Él si se había encariñado, a su ñora ni la tocaba, tenían 20 años sin dormir en la misma habitación, si seguían juntos era por los hijos y la maldita costumbre convertida en esa manía a ultranza de doña Baudelia de divertirse a placer; asustando y desafanándole  las novias a su marido, una o dos, a veces tres por año, pero Lola se había estancado y además sabía que la mantenía a ella y a su amante, dos de sus hijos la tenían informada, de cuanto le daba, de donde y como se veían, todos sus movimientos los tenían visualizados. Con Lola no podían, era más fuerte que todos, decidida, sin nada que perder.
-Está bien Ruti, me iré lejos de ti pero dame medio millón, ya no quiero saber nada de ti ni de tus hijos, ni de tu mujer, estoy hasta la madre de sus juegos estúpidos, todos me llaman para que te cuide, que te de tu medicina, que le siga el juego a Baudelia, que esto, que aquello. Ya estoy hasta la madre, me voy a ir a vivir a otra ciudad.  Rutilio, sacó la chequera y firmó un cheque en blanco.
-Vete yo también estoy cansado, ponle la cantidad que quieras.
Timbró el teléfono de Lola, era doña Baudelia.
-¿Qué quiere?, vieja guanga.
-Ya sé dónde estás perra, estás con mi marido en…
-Doña Baudelia, salga de donde este, esto se acabó, yo me largo. Si no sale yo misma la voy a buscar y le voy a poner una chinga, estoy hasta la madre de su jueguito de celos, de adúlteros y señora resentida, esto se acabó.
La señora Baudelia salió de atrás del chino barista, tenía una pequeña pistola calibre 22, sus manos temblaban y se fue directo hacia Lola. Don Rutilio se levantó y la detuvo.
-Calma mujer, esto se acabó, Lola ya está cansada, déjala que se vaya.
La morra se paró de su asiento, todo el café se fastidio, los parroquianos se sacaron de onda con todo el teatro, Lola tomó su bolso y el cheque, salió huyendo. Don Rutilio les dijo a sus hijos que estaban entre el público observando el performance, que llevaran a su madre a casa.
El viejo espero que se fueran todos y pago la cuenta.
Mientras manejaba rumbo su cantón a don Rutilio se le nublaba la vista, sentía hormigueos en sus piernas y brazos, abría la boca como bacalao para jalar aire, sudaba en frío. En la mente se le dibuja con mucha claridad la imagen del Guayabo que está en el patio trasero de su residencia.

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