Otro Chango llamado
Por: Manuel Benítez Espinoza
Archivo I
Dedicado a mi amigo Sergio Fong, incurable cuentero
A LAS 2:00 PM.
Quién sabe cuántos días pasó Sergio Fong en este bar para resolver su historia “Un chango llamado Hemingway”. Lo cierto es que el desenlace le llevó varios kilómetros de botellas. La iluminación vino durante el ritual de las dos pé eme, cuando sirven la comida de gorra y los clientes se abandonan al plato como a un abismo, recordando de repente la soledad que los puso en el precipicio.
Ahora estoy en la misma mesa que Fong, también a las dos pé eme, porque sin regateos acaban de servir un molito rojo y la siguiente chela.
Desde este sitio el cuentista arrojó un papel hecho bola para descubrir que el final de su historia estaba en una frase escrita allí por su chango llamado Hemingway.
Eso no lo voy a transcribir porque ya me estoy colgando mucho de un relato ajeno. Sólo me permitiré imaginar la trayectoria del papel y registrar como apunte: “rebota en la pared, sobre una suciedad de mosca”.
¡Válgame! Ahora veo todo con claridad: este relato, mi relato, debe iniciar antes de la solución encontrada por Fong: justo en el momento en que aterriza una mosca en la pared y se encuentra de frente con una araña, en pose amenazante, pero muerta.
Dejo a la mosca paralizada las horas hasta que también muere de horror.
¡Ay, amigo lector! Te traje hasta aquí buscando las motivaciones del cuentero Fong, y sólo fui capaz de entregarte el cuento más breve conocido jamás: una caca de mosca. O el punto final en la escritura del miedo.
Nota: Si te interesas por historias de Sergio Fong, rastrea en google “Un chango llamado Hemingway”.
Escribe tus opiniones a beman57@hotmail.comww
Archivo I
Dedicado a mi amigo Sergio Fong, incurable cuentero
A LAS 2:00 PM.
Quién sabe cuántos días pasó Sergio Fong en este bar para resolver su historia “Un chango llamado Hemingway”. Lo cierto es que el desenlace le llevó varios kilómetros de botellas. La iluminación vino durante el ritual de las dos pé eme, cuando sirven la comida de gorra y los clientes se abandonan al plato como a un abismo, recordando de repente la soledad que los puso en el precipicio.
Ahora estoy en la misma mesa que Fong, también a las dos pé eme, porque sin regateos acaban de servir un molito rojo y la siguiente chela.
Desde este sitio el cuentista arrojó un papel hecho bola para descubrir que el final de su historia estaba en una frase escrita allí por su chango llamado Hemingway.
Eso no lo voy a transcribir porque ya me estoy colgando mucho de un relato ajeno. Sólo me permitiré imaginar la trayectoria del papel y registrar como apunte: “rebota en la pared, sobre una suciedad de mosca”.
¡Válgame! Ahora veo todo con claridad: este relato, mi relato, debe iniciar antes de la solución encontrada por Fong: justo en el momento en que aterriza una mosca en la pared y se encuentra de frente con una araña, en pose amenazante, pero muerta.
Dejo a la mosca paralizada las horas hasta que también muere de horror.
¡Ay, amigo lector! Te traje hasta aquí buscando las motivaciones del cuentero Fong, y sólo fui capaz de entregarte el cuento más breve conocido jamás: una caca de mosca. O el punto final en la escritura del miedo.
Nota: Si te interesas por historias de Sergio Fong, rastrea en google “Un chango llamado Hemingway”.
Escribe tus opiniones a beman57@hotmail.comww
