LA PIEDRA

cero descripción

Nombre: Sergio Fong (editor cartonero)
Ubicación: Guanatos, Nayarit, Mexico

compra y venta de libros de artes y literatura, radio por internet, editoriales cartoneras,ediciones de autor, talleres cartoneros y cursos de cuento

martes, marzo 31, 2020

TARDE DE SOLE



Dicen que el Roger brinca ebribody todo el tiempo de rosal en rosal, que arranca con todo y tallo los botones rojos, que las espinas se le encajan en las palmas de las manos y le rasgan la piel;  que le arde ojete y sangra, luego chupa las pequeñas heridas y el dolor merma una leve por sus ojos.
Dicen, que con un ramo de rosas rojas en la izquierda y en la diestra  una boya de espíritu mezcalero se menea como pez en la marea gris de la city, que trae en su coraza la ilusión de cotorrear con su jaina: “su nena punk” como él le dice.
Cuando la conoció, la morra se prendía machín en las tocadas de rock, se destrampaba en la danza, era de las pocas rucas que se aventaban el ritual en el “Casino Popu” con toda la banda creisy. Todos los domingos tocara quien tocara. El Saico fue quien se la presentó, le dijo acá en corto de carnales: “Vas a conocer una nenita bien linda pinche Roger”. Pero se quedó corto: aparte de chula estaba rebuenota y era bien chida. ¡Discutida!, eso debió haberle dicho. Y hasta ahí llegaron como compas porque el Roger mas trucha que el Saiquito se la langareó y  en calor le puso un faje alucinógeno que prendió machín a la ninfa rocanrolera y entonces empezaron a andar (así se dice, andar en las llecas de golfos, tirando chapopote, consiguiendo algún jalón, un baisa, cualquier cualquier, de barrio en barrio, para aliviane el espíritu y liberar la loquera del corral: “chivas no nos vamos a morir”, decían) y el Saico se tuvo que abrir con su toncho a otro terruño y a seguirle jalando el pescuezo al ganso. El Roger nel, él ya tiene su bistec y siempre anda trovo y con varo, sabe hacerla, tirar verbo, talonear para el vicio. Le gustaba alborotar el gallinero, después le llegaba con su morra y se iban a conseguir unas ruedas pa´viajar de ranas, algún Johny Winter, un alcoholibarius, de mínimo unas celias. Siempre bien armadillos. Los domingos era el día más alto, día de comulgar con la raza, netamente sagrados. Se levantaban muy tempra, entre crudos, pachecos y jarias, el borlo iniciaba en el Baratillo, el tianguis legendario de las chácharas, pulgas amaestradas, libros viejos sin leer, ropa de la segunda guerra, tercera y reversa, animales vivos en peligro de extensión, aso como presecados y en conserva, yerbas buenas y malas que sanan y matan, relojes, joyas de con Rober, piezas sueltas de autos, motos y rilas extraviadas en la madrugada, tortas ahogadas, birria, tacos de hígado, buche, chorizo en papas, aguas frescas de la llave, pulque, tejuino, tepache y nieve de garrafa entre gritos de los marchantes que no marchan y un coctel de aromas y música ambiental en cada cuadra: cumbias, sones, boleros, salsa, guaracha, rock, punchis punchis hasta Chente  y sus potrillos. La pura variedad ¡la pura sabrosura! De modo que el jolgorio estaba puesto y dispuesto para conseguir algodón de barbas o fiado, truequeado, recuperado, bisneado incluso hasta comprado para calmar la sed y esas ansias de bebérsela toda de un solo trago: escarchada, fría, raspándole el gaznate en cascada para degustar el suave y dulce cuerpo amargo, pero delicioso, sentado con los compas y su leidy en alguna banqueta de la street  38 esquina con la que hacha, con un racimo de botes, unos taquitos de chicharrón con guacamole y un chilito verde de amor. Tirando cábula, echando carro con la bandera para luego ir a retozar y echarse un shawer, ponerse la garra más placa, más facha, de frente y perfil y estar casi listo para pasar por la morra a su cantón. Ella bien chula con su cola de pato pintada de zorra y el fleco; copete en flor,  con su  tenientes vans y la garra bien ajustada, en sus lindos caicos un buty de rímel y delineador negros, sus labios negros, su alma llena de estoperoles y su corazón chanfainino rocanrolero.
La tarde surcaba la ciudad, la partía a raja tabla con su último filo de luz, el Roger ya estaba en la tienda de la esquina cheleando, tirando varrio esperando a su nena punk.
Ella viene ardiendo con la resolana como desencajada del paisaje urbanesco, de una sola pieza en alto relieve, en sus chorejas perforadas cuelgan un par de plumas de águila reina y en los audífonos escucha la rola Breaking The Law. Su aroma a pachuli perfuma el arrabal.
Antes de llegarle a la tocada encienden el flavio con la brasa del ocaso. La ciudad está bien pacheca, dormita como un lagarto, los corazones suenan al ritmo de Breaking The Law y Judas Priest.
Cuando caen al Popular ya está un bandón en el desequilibrio total, las bandas se discuten con sus mejores rolas y covers de dos tres grupos chingones, la flota destrampada armó la rueda y sacaron a flote todos los espíritus ancestrales (del bien y del mal). En la danza hubo roces y conatos de bronca; la pandilla de los zopilotes se enfrenta con los lagartos o al vesré, eso era de todos los domingos pero nunca pasaba de ahí, aunque, también es cierto, que no falta un gorgojo en los bincholes y no faltó el alucinado que prendió unos trapos con toncho y los arrojo a la banda que estaba en el túnel de salida, todos empezaron a correr, los ánimos se exaltaron, había apretujones y todos querían salir, era una turba a contra presión empujando. El Roger y su nena punk no se soltaban estaban enlazados de sus baisas, luego salieron a flote del hoyo pero en la lleca había banda dándose de chingadazos. La tira apañando a diestra y siniestra, era una redada. El Roger y su jaina sin soltarse empezaron a correr. A los que apañaban los subían a trocas y carros de la policía, a algunos los apaciguaron con dos tres macanazos y los metían a las trullas. El tráfico era un caos, los autos cantaban al compás de las sirenas junto con los gritos y los ayes de dolor, rifaba la anarquía.  Un cuico chancho se fue tras ellos y por quererla librar no se fijaron al cruzar la calle y  a la nena punk  la alcanzó un camión, se la llevó gacho, el Roger no la soltó de la mano y la morra lo jaló uno o dos  metros. Eso dijeron los que vieron.
El Roger estaba ido y alucinaba que miró el espíritu de su nena punk desprenderse del cuerpo y despedirse. No había manera de destrabarlos, las manos estaban atadas, hasta que lograron convencerlo de que tenía que soltarla para que se la llevara la ambulancia.
Los paramédicos exclamaron que la muerte fue instantánea. 
El Roger se tripeo, quedó juido, loco, zafado.
Dicen que su alma también se  desprendió de su cuerpo y se fue tras la de ella.
Que está vacío.
Dicen tantas cosas.

LA SINIESTRA



Lucha abrió la puerta del departamento, estaba desdibujada, borrosa incluso la sentí abatida.
-Pasa, pasa Gato, me convido a entrar y me pregunto en corto: -¿Buscas a Esteban?
Mi respuesta fue obvia: -Claro.
Esteban había quedado de pasar a mi casa para hablar sobre la venta de su departamento, como no llegó, pensé que se podía rajar y dejarme colgado de la brocha, preferí ir a buscarlo.
Le comenté a Lucha, y le pregunté: ¿qué pasaría con Esteban?, para sondear un poco.
-Salió temprano al trabajo, de que fuera a ir contigo no me dijo nada. Eso lo expresó como molesta, luego agregó ¿Quieres algo de beber? ¿Ya almorzaste?
-Ya desayune, te agradezco un vaso de agua, por favor. Volteé a verla y tenía ese tic tembloroso en la quijada. Oí el estruendo del cristal cuando se rompe.
Mientras me traía el agua mirujié el departamento, alucinándome con la compra y cubicando donde colocaría los muebles: la sala iba a ser mi estudio y uno de los cuartos el laboratorio; el taller de taxidermia para trabajar sobre el encogimiento de ciertos cadáveres de animales. En eso estaba cuando llamaron mi atención unas Manchas pequeñas de sangre en la pared muy cerca del zoclo, como un ligero riego, casi imperceptible. Seguí con la mirada a Lucha y estaba sirviendo el agua con una sola mano, le busque la otra, la izquierda; la tenía metida en la bolsa del abrigo.  Seguí observando el departamento y vi unos borrones de sanguacha en el piso, eran marcas muy sutiles, como si alguien las hubiera querido limpiar, el leve manchón llegaban a la recamara principal, donde iba a meter una ring size, pero la puerta estaba cerrada. Lucha acercó el vaso de agua y lo depositó en la mesa de centro. Se dio cuenta de mi falta de discreción y dijo parcamente:
-“La perrita anda en celo, ahora limpio”.
Apaño un trapo de la cocina y con una sola mano paso la jerga por encima hasta que desapareció la sangre. Me volteó a ver retadora como esperando alguna otra cuestión. Mientras yo pensaba ¿Cuál perrita?, nunca le han gustado los animales, ni disecados, me ahorre la pregunta.
Nos quedamos mirándonos un instante a los ojos, yo sabía que estaba en crisis porque sus labios temblaban sin control y no emitían palabras ni sonido alguno, tampoco parpadeaba, era como una efigie, aunque su cuerpo estaba en total descontrol. Temí que pudiera caer  en un ataque de nervios, tantos años bajo tratamiento psiquiátrico, había momentos en que se desconectaba por completo.
-Quieres sentarte, le dije señalando un sillón de la sala.
-No, contestó de modo cortante.
Se paró exactamente frente a mí, tome el vaso de agua y bebí, el agua estaba dulce, demasiado azucarada y fría. Baje el vaso a la mesita y le pedí que me dejara pasar al baño. No contestó pero entendí que podía hacerlo, tuve que bordearla, casi hacerla a un lado, empujarla un poco, estaba allí inmóvil como la Esfinge de Giza, pero trepidando con la mano izquierda en la bolsa del abrigo.
Antes de entrar al baño me di cuenta que la perilla estaba embarrada de sangre, al entrar y mirar el baño quise salir en chinga, pero soporte la repulsión; había sanguacha por todos lados. Ya ni orine, no hice nada, miré el lavamanos y estaba completamente teñido, respire profundo y salí fingiendo completa calma. Lucha seguía de una sola pieza sin dejar de temblar y haciendo ruido con los dientes.
-Creo que mejor me voy, le dije, luego busco a Esteban.
-Gato, me dijo en seco, tú sabes que yo no quiero que Esteban venda nuestro departamento, ¿Si lo sabes, no?
-No, no lo sé, no lo sabía, me tengo que ir Lucha, dije precipitado.
Se acercó para despedirse, yo abrí la puerta, ella extendió su mano, la izquierda, la que había mantenido en la bolsa del abrigo. 
Nos dijimos adiós.

domingo, marzo 29, 2020

POR ENÉSIMA VEZ



Después de deambular medio día por toda la Condesa buscando un cliente que ordeñar, el espectro de Isis, la puta más tierna, se detuvo en un teléfono público en la Alameda. El último veinte, ayer era la reina del tugurio: raspando la suela, bebiendo mezcal. Recargo su desvencijado cuerpo sobre la codera de la cabina, todo era un presagio, tomó entre sus dedos la moneda de metal y la depositó en la ranura del aparato mientras imploraba mascullando una oración: “Ojala me conteste, ojala me conteste él”. Timbró su corazón acelerado. Recordó lo que el brujo y tarotista de la mezcalería le había mostrado en la tele del Tarot. Una voz de mujer al otro lado de la línea la sacó de su atolondrada mismidad preguntándole:
-¿Quién es, quién habla, conteste? 
Isis se llevó el auricular al pecho, temblando la maldita cruda sintió los gritos retumbar sobre sus flácidas carnes y estallar en su tatema los insultos desaforados de la doña de su cliente:
-“…Hija de tu, chingas a tu re puta madre!
–Segura que es esa pinche puta ramera arrastrada que busca a tu padre, cuando nos dejará en paz ! Le gritaba a su engendro.
Un Joven veinteañero se detuvo frente a ella, la miro detalladamente, como cerciorándose de que lo que veía era neta. Apenas dos horas en la Ciudad de
México y ahí estaba la mujer que lo hizo pasar una tarde inolvidable de sexo,
sexo y más sexo.  
-¿Isis, eres Isis?, le preguntó, deseoso de que la respuesta fuera afirmativa.
Isis lo miró como queriendo reconocerlo, le dio una escaneada, luego se acercó, lo olfateó caninamente, cerró sus ojitos y contestó:
-Sí, soy Isis, ¿Tú quién eres?
-¿No te acuerdas de mí, soy Jesús, vamos a una cantina te invito una cerveza, un tequila, lo que quieras?
A la Dama le vidriaron las canicas, el corazón se le inflamó de gusto, buchaca y canoa se le hicieron agua fresca de manantial. Rolaron rumbo a Bucarellí, se metieron a una fonda, luego a un bar, después a una cantina, pidieron de comer y bebieron chelas, luego siguieron los rones y ya encaminados y encandilados cayeron rodando a una mezcalería, estaban hasta el tope, en el clímax del pedo. Jesús, insistente le volvió a preguntar:
-¿No te acuerdas de mí?, yo iba en el Metro, te vi por la estación de Balderas, allí en corto entre apretujones, nuestras miradas flashearon, se cruzaron, nos dijimos everytinks con los ojos, nos bajamos en Allende, te dije que traía varo, que andaba festejando mis 18 abriles y quería que fueras mí madrina, mi hada madrina. Nos metimos al cinco letras, tú estabas hermosa y cachonda; tu pantufla olía a versos, a dona recién hechecita, a rocío nocturnal. Yo, yo, yo era la primera vez; bebimos y cogimos toda la tarde, toda noche, prometí no enamorarme de ti porque yo amaba a mi novia, no te acuerdas, no te acuerdas de mí, fue hace dos años, dos años Isis, dos años que te pienso y que te sueño. Me regresé a Guanatos y no he podido olvidarte, creí que no volvería a verte jamás y mírame, aquí estoy otra vez.
-¿De veras Isis, no te acuerdas de mí?
Isis ya no pudo contestarle, cayó ebria sobre la mesa.
En ese momento llegaron los meseros saca borrachos con la cuenta en mano y le pidieron a Jesús con la cortesía diplomática de la ética cantinera que recogiera a su abuelita y se marcharan. No hubo manera de defenderse, los argumentos se habían desecho junto con los hielitos, de modo que pago y como pudo, apoyado por los pajes de Baco, salió de la mezcalería abrazado de Isis. Ya en la calle de López y el plenilunio de testigo Jesús reparó en que Isis, si estaba ruca, en la flor
de la senectud, plena como su gemela. Sin pensarlo la acarreó hasta una cabina
telefónica y la recargó ahí. Con mucha cautela y discreción se fue yendo despacito murmurando:
-Por enésima vez Isis ¿de veras, no te acuerdas de mí?

jueves, marzo 26, 2020

REPORTE NACIONAL






Para el compa Jeús ll




Deja de lo saico que estamos,  las barbaridades que hacemos

¡No hay memory!  

Nos han encerrado en museos y  pocos se exhiben en la calle

Hasta el Punk es pieza de Galería

Divertimos a los titiriteros que tanto odiamos

Nos atamos al presupuesto para seguir de locos,

destrampados del alma con la soga al cuello

Y seguramente así partiremos desclasados y sin estilo

!Zero style¡

Arrastrando los dentros  (por eso estoy chillando)  

Muchos compas ya se fueron a arder al otro varrio

Y los quedados ya no nos prendemos a la primera

Ni al primer resplandor del día como soles

Ahora pedimos para los cerillos

Yo te vi arder con el Solorio en la frente

Rojazo de ira, encabronado

Como Don Domingo

Si estuvieras aquí, dirían que eres artista

Yo me quede ciego, no veo nada, ni madres,

Me tropiezo, me pongo zancadilla y sigo a traspié con la borrasca de la beberecua

me hice el sordo y no llegué a ser héroe

Vivo bendito apagándome como  sol negro

Como muchos otros locos, que ahora viven de lapas

Sin dignidad, ni memory

Pero el dolor es el mismo de siempre

Ese estar solos y muertos, "¡todos solos y todos muertos!"

Removiendo la mierda seca con el dedo

Y tragando camote

La luminosidad es ceniza, ni a verde llega

Aunque no queramos verlo
Somos una pira triste

Y tú eras una hoguera carnal

¡Resplandeciente!

Los otros nosotros juidos sin cordura

Nunca nos compusimos

Zero refacciones y zero combustible

Prohibieron las Corcholatas, te echaron encima la feg, nos tumbaron el puente de la normal, hicieron un parqueadero del Parque Alcalde, ya no queda nada, ¡De la nada nada queda!

Y nadie se desobedece a si mismo para volverse un bonzo

Los amigos ya no ardemos,  nos cebamos como los juegos artificiales septembrinos

Ya no ardemos, nos convirtieron en los magos del fuego

En encendedores automáticos y cargamos  extintor por si las moscas

Para no quemarnos en el olvido

Ya no ardemos Carnalito

Ya no

Ya no

Chanfainino rockanrolero.


AMORIR


AMORIR 

Intempestiva, sin pensar en la frugalidad del avión, ahora fugaz en la memory.  Yacíamos después de haber consumido nuestros sabores. El aullar de unos canes me despertó, la baraña estaba tembleque, agria. Me había quedado dormido después de haber sido uno en esa caja de silencio lúgubre.  Habíamos brindando por el cumpleaños de Dionisia, festejamos su tercer aniversario. Para mí, Dionisia era la Dicha, el encuentro con su despertar sexual era mi fuga de la sociedad idiota. Su monomanía de sexo a morir me asfixiaba, me envolvía en la atmósfera psíquica del hedonismo. Su mundo aparte era maravilloso. La depravación que sólo existe en el recóndito inframundo del Ser, un pinche loco.  La noche que la conocí, una voz venida de la esquizofrenia me repetía “¿Quién será esa ninfa de ebria belleza que baila descalza? ¿A dónde volará todas las noches? ¿A qué olerá su flor amorosa?”. Me quedé despierto, acechando hasta que todos los desarrapados de espíritu que la acompañaban se fueron extinguiendo. El alcohol se agotó y le sugerí pasar por algún aguaje para conseguir más bebida espirituosa; me concedió la petición y algo más, volamos río abajo. Fui presa de sus pasiones, la lujuria de la ninfa me llevó a conocer el mundo de los viles, la subterráquea vida de los suburbios, el averno y sus delirios.
 6 
 No hubo alcoba perfumada, ni cama, petate o superficie algodonada, tampoco sábanas blancas ni cafecito en la mañana, sólo sexo y más sexo.  Delirio fue su pureza, hasta que pude huir de sus garfios de ninfómana.  Pasaron los días y hubo otro encuentro; me llevó a recorrer las llecas del alma. Noctívagos flotamos, bebiendo y atizando con la tripulación de la noche, el viaje fue oscuro y denso. Tuve que compartir con los buitres el amor de Dicha. Bajamos y subimos los días sin contarlos, el tiempo seguía su marcha al infinito. Miré el lastre de tantos inseres perdidos, hasta topar fondo, sin más voluntad que la locura o la muerte. ¡Salimos a flote!  La vida siguió su cauce y nos reencontramos en el río, Dicha seguía bailando descalza, su belleza era una silueta trastocada en las bardas de la urbe por los faros de los autos, sucedía vertiginosa en la oscuridad, como graffiti fugaz, como un tatús acicalando la piel de la city.  El carcomo de los años y el designio del alcohol ultrajaron a Dicha, su flor se fue marchitando y un día de agosto una ráfaga de muerte se la llevó. No hubo funeral, ni rezo, si acaso algún familiar pudo reconocer su fiambre y aquí la sembraron en esta fosa común.  Ayer festejamos su tercer aniversario y me dijo con sus hebras de voz, “vamos por algún veneno para el espíritu”. 

Cita en el Parque


Cita en el Parque


Larissa estaba llorando, gimiendo a mares con un fervor que me perforaba la carne y no le creí.
No me era falsa su historia sino la  mía, me era ajena y a la vez tan fraterna, habíamos tenido una relación vana en tiempos difíciles; como cuando reposas con mucho tacto el barquito de papel sobre la piel del agua y sabes que en cualquier momento se va a hundir. Éramos una herida viva, demasiado viva en la agonía social: Donde no importa quién cae, emigra o fallece y tu vacío muerde al otro aferrándose a la tabla de náufrago. En medio de la nada, ¡no hay nada! Ni marcha atrás y para delante menos. Ningún lugar es el mejor, sin siquiera preguntártelo: ¡Estas vivo y te chingas! No hay de otra sopa, vivo en el volantín del alcol. ¡Torcido, porque a alguien le debes o nomás no te toca, aunque te pongas! Y en algún momento después de toda esa inmundicia sales a flote, contando los daños y esforzándote a respirar fuera de la basura, tratando de olvidar, creyendo en pesadillas que ya fueron y buscando extirpar de tu mente la ruina: borrar las imagines que te persiguen como monstruos de la abstinencia, no hay rencor pero el dolor que te cuece el alma aún persiste en la superficie.
La vida suele ser cruel, culera a grados agudos, sin miramientos y entonces de repente la ciudad es la película que ya viste y se repite. Estas sentado en una banca de las del jardín de San Francisco, exhibiéndote en la galería de la miseria, comiéndote un duro de harina que recogiste de uno de los botes de basura; levantas la vista y allí esta ella: flaca como la parca, ojerosa y jodida como un cruento ojete de hígado de borracho. Guachas el temblor huesudo de su baisa extendida, pide cacharpa, algodón para seguir en ese estado flotante de inser y muerte viva.
La reconozco pero quiero obstruir mí cerebro, quiero ser otro pájaro en otro parque. Cualquier otro árbol torcido. Quisiera que ella no me recuerde. Se acerca a mí, no tengo ni un clavo para darle, cierra su pétrea mano como una tenaza y maldice muda, acuchillándome con la mirada calcina, mis ojos y los suyos se encuentran y nuestras almas se reconocen sin palabrear: en nosotros esta ese otro que tanto nos hace falta.
-¿Gato? Me pregunta con voz cavernosa.
-Larri, le contesto haciéndole al pendejo, no te reconocía.
-Te ves bien, lo dice con sarcasmo y agrega, ¿Muerto o vivo? Pero te ves bien. Yo, yo me escape del albergue, hace poco, me tenían secuestrada, no me daban de comer, no tenía ropa limpia, me bañaban a baldazos con agua fría y me castigaban constantemente. Había muchos demonios gritándome todo el tiempo que era una mala mujer, una mala madre, una mala hija, un desperdicio, un pedazo de mierda. Mírame como estoy. Tú te ves bien ¿Vivo o muerto? Yo, yo ya no soy bella, ni me parezco a ninguna dama, ni me siento mujer. Me madrearon los ojetes, me dejaron sin dientes. Ellos decían que mi familia me tenía ahí porque los avergonzaba, pero no era por eso, ellos quieren quitarme mi casa, mi dinero, mis hijos porque yo no creo en Dios. ¡Dios! Dios ha de ser otro borracho como tú, como yo, ¿Gato, dime, tú eres Dios? Yo estoy enferma, como ellos dicen y me aturdían de día aullando como fieras que mi familia no me quiere. “No te quieren, no te quieren no te quieren porque éstas loca, demente, vieja loca demente”. Y todas las malditas noches, todas las malditas noches mientras dormía me rezaban un rosario y coreaban letanías de difuntos como si me velaran porque querían que me muriera. Los malvados me amarraban porque quería salirme de ese sitio de tortura y me obligaban a hacer cosas que yo no quería. Tuve que escapar, brincarme la barda, me rompí los huesos de la pierna izquierda y ahora camino chueca, me corte con los vidrios del muro y se me abrió la panza; salte al campo, todo estaba desierto, horrible. Camine entre la oscuridad; corrí, gatee; pero no me morí, ¡pinches culeros! Salí a una carretera, me dijeron que era Michoacán y una señora me trajo en su carro hasta Guadalajara y me dio dinero para el camión, sé que me andan buscando y me quieren matar pero no me van a encontrar.
Estaba escuchando toda su historia y sabía que no me pertenecía, que aquel espectro no era mío y sin embargo mi corazón tristeaba, la miraba con ahogo y me preguntaba. ¿Qué fue de mí sin ti, que fue de ti, de ti, de ti sin mí? Cero, no hay memoria de cuando nos separamos, igual fue ayer, no sé cuándo nos perdimos.
Sentó sus huesos junto a los míos y sacó de unas bolsas rebosantes de basura objetos que parecían tesoros de otros tiempos entre garras, papeles y cajitas pequeñas muy lindas. Abrió una de ellas y ahí estaba una joya, era un anillo dorado con una piedra roja cristalina. Intento sacarle brillo ensalivándola y frotándola con las yemas de sus dedos y en la tela de su chal, luego le echaba vapor con su vaho pero no brillaba más. Lo colocó en el cuenco de su mano derecha y me lo mostro con devoción, sus ojos se reflejaban en el espejo brumoso del anillo.
-¿Te gusta? Me pregunto.
- Esta chido, le dije.
-Te lo regalo.
Me quede dudando y ella lo regreso a una de las cajitas.
-¿Quieres un trago? Me dijo mientras sacaba de entre su chingo de cosas una pachita de mezcal a la micha y la abría.
Tome la botella y le di un trago.
-Hasta el fondo, me dijo y aleteaba su mano derecha tembleque sobre mi rostro mientras me miraba con ojos de agonía y era terrible.
Lo empuje todo y me levanté para despedirme.
-Gato, me murmuro muy quedo y su voz se desquebrajó mientras desaparecía, Gato, no me olvides.

La Musa Dark




La Musa Dark

En su cuarto quedo como testigo mudo un poster de Alice Cooper.

Don Carlos mejor conocido en terreno Apache como El Vampiro, porque entre otras cosas ha estado presente en el paisaje panteonero durante tres generaciones y micha de sepultureros, hace su jale de 9 a 6 en el crematorio del cementerio municipal. Ser de poco trato incluso medio misticón y se dice que tiene pacto con la parca, no obstante, jamás ha permitido que nadie haga chistes, tire carro o se burle de su persona. A mí me dijo un día y fue muy claro –“no sé porque platico contigo, será porque eres hijo de Pedro Simón o hay algo entre nuestras malditas almas oscuras que nos unen”.
-A la mera don Charlie pero a mí me late venir a pistear al panteón y charlar con su merced.
Todo lo que me cotorreaba, me parecía en extremo pacheco, ¡si en verdad hay locotropos que se visten humanamente para andar en este mundo, él sería sin duda uno de esos entes o personajes destrampados! Conmigo no había evasivas pero siempre me sentenciaba cuando llegaba a su oficina del crematorio.
-¿Alguien te vio entrar?
-Si don Carlos.
-Siempre cerciórate que te vean entrar, porque en una de esas no te verán salir.
-Ja ja ja ja ja era como la bienvenida.
En su oficina, que igual aprovechaba como pequeño departamento, tenía objetos raros, como un bote de piezas dentales de oro, otras piezas en titanio y urnas funerarias de diversos materiales: talladas, grabadas, esculpidas; verdaderas obras de arte. Placas con epitafios y retablos, pero lo más sacado de onda era un sarcófago egipcio que le regalo un chino. A la vez todo era como parte de la decoración de su espacio.
Había semanas incluso meses que no iba a visitarlo y emborracharme con el ruco, pero cuando me recibía, siempre lo hacía con su excelente sentencia de “Alguien te vio entrar”, luego iniciábamos la chorcha brindando.
-Supe que estuvo preso… comente para romper el hielo, pero me interrumpió.
-Siéntate cabrón. Inquirió acercando un banco.
-Esto que te voy a contar es para que lo escribas en la historia que éstas haciendo sobre mí.
 -Ah cabrón ¿Quién le vino con el chisme?
-“Alguien, en la Penal, pero eso no tienen importancia, sírvete otro trago, lo vas a necesitar. Hace dos meses conocí a Janis, hubo un sepelio, ella estaba ahí frente al cuerpo inmóvil de su tía, mientras rezaban para despedirla de este mundo de máscaras. Yo no la había notado, me pareció una escuincla pero su mirada me traspaso la carne y me toco el alma, era una ninfa de 15 abriles enfundada en satín negro, mi corazón se incendió, me sudaban las manos, por muchos años no había vuelto a sentir mi cuerpo sacudirse como animal Gato, todo mi pinche ser vibró al advertir su mirada. Me dí la vuelta y camine hacia mi oficina sabiendo que la ninfa seguiría mis pasos. Entramos y cerré la puerta, sin emitir palabras nuestros cuerpos se apoderaron de nuestras mentes o al vesre, no había pensamiento solo una vibración que exudaba mi piel y ahora sé lo que es fundirse en el otro, en esa mitad que andamos buscando por todos los mundos posibles, que dios ni que la chingada Gato, la gloría existe y anda vestida de negro. Estuvo conmigo tres días, secuestrada, hasta que vinieron por ella. Eran sus padres devastados e iracundos, venían con ellos varios gendarmes con una orden de aprehensión. Me remitieron a la Procuraduría, ahí estuve dos días y luego me llevaron al gran cantón. Los abogados del gobierno se hicieron cargo, dicen que hubo un desistimiento por parte de los padres y que ella había testificado a mi favor, de modo que tuvieron que soltarme. En las calientes, el dolor no me preocupaba, en verdad mi corazón solo podía sentir pena por esta alejado de Janis. Me gritaban, me torturaban y me hicieron firmar una declaración falsa pero a quien le importaba. Si alguna vez rogué fue por volver a tener entre mis manos el aroma de la flor de Janis.
Regrese al trabajo y en la puerta del Panteón estaba ella, vestida de negro, esperándome con todo su ajuar en un beliz y hasta con su acta de nacimiento. “Quiero vivir, quiero morir contigo” Grito para que todo el mundo la escuchara. No hubo más palabras, entre a la oficina y empaque, tomé las llaves del auto y nos fuimos a Chapala a construir nuestro idilio. Poco salíamos del hotel, si acaso a comer o hacer algunas compras, no pasó ni una semana y los padres de Janis nos encontraron, hubo mucho dolor porque nos arrancaron a uno del otro, nos desollaron alma. Se la llevaron y yo casi muero. Volví al trabajo y el sino la volvió a traer hasta a mí, pero esta vez marchita, sin alma.
Sus padres también estaban muertos, pero ellos en vida. Me pidieron que cremara su cuerpo y la dejaron en mis manos como un despojo. No lo hice Gato, su carne se pudre ante mi día con día, a ellos les entregue cenizas de otro cadáver y yo deliro con suyo”.
Camino hacia el sarcófago egipcio y lo abrió, el aroma de lo que se pudre me embriago con una sutil fragancia.
Ante mis ojos beodos Janis renació.